miércoles, mayo 29

Es Pera


No espera el granjero
que de la tierra seca
salga un brote;
ni del cielo azul
un gota de agua.

No se espera
estar borracha
sin tomar vino.
Ni verdades
de un curriculum.

Ningun ateo
sueña con la ayuda
de Dios,
ni el futbolista
lesionado
hacer un gol.

Nadie espera nada
de la nada.

Mucho menos yo
podría esperar
tu amable llegada.

Ni del banano
una pera,
ni de la noche
broncearme;
ni de tu corazón
piedad.

Porque simplemente,
no tenés ni en el pecho
ni en la espalda,
corazón ni entrañas
tenés una pera podrida
que te funciona de alma.






miércoles, mayo 22

Es así


Una maraña de historias entretejidas, desteñidas, deshabidas.
larga un hilo degarbado
y lo tiro
se desarma
mas se anuda
más se desgarra.

Esa antigua desavenencia entre realidad y fantasía
me confunde, me extraña;
me anulo,


no hay aire,
no es cierto.

No puede ser cierto.

No quiero que sea así,
lo niego.

Quiero que sea distinto pero se empaca, 
no hay vuelta


es simplemente así
y no de otra manera.

No cambia,
no cambiará
es así
siempre 
y no
de 
otra
manera.

lunes, marzo 18

Nublado

Fueron cuatro días sin sol
al quinto salió
y por la noche
me encuentro
de nuevo
con el cielo violeta.

Supongamos que la ropa
tenga mas usos
escondidos,
lo intentamos.

Esperanzados con sicofármacos
suponemos que
este otoño
no vendrá tan lagrimeado.

Como no se acabó el mundo
damos por sentado
que este es
definitivamente
nuestro año.

Y cae de nuevo
otro día nublado,
los rocas menguantes
en la billetera...
por no decir contados.

La neura de mami,
al palo.
El principe azul 
es un simple guaso,
mambeado,
como todo
ciudadano. 

Ya estamos en marzo,
se viene el otoño
los sueños de cambio
amarillan los tejados.

La realidad, 
de nuevo,
destroza el espejismo
imaginario
que el año nuevo
y el verano
prometieron
a destajo.

Vuelve la piel blanca
el frío por la mañana
el acolchado de pluma
el saquito de lana
y la cruda realidad
del alma:
este año tampoco
será una ganga.





jueves, diciembre 13


No podría escribir un gran poema,

ni un soneto tibio.

Ni las nubes violetas de noviembre
ni la luna ausente en noche estrellada

pueden dar fe, en esta instancia,
de un ápice de emoción en la palabra.

Congelada, abstracta, flotando, plantada

en un cielo urbano, con estrellas contadas.

No vengo a traer versos, ni sueños colmados,


no tengo ni un poquito de objeción a mi pasado
ni tiempo concreto de observar el futuro.


Me encuentro a la vera de la verdad rotunda

con la más concreta de las incertidumbres.

Hay un generador de amor en los huesos:


¡tengo un hijo y un perro! 
Pero así como los grillos cantan su pesar
en las cañerías metálicas de mi patio
y su campaneo no resulta coqueto
ni armonioso
hoy no tengo versos 
ni poesía, sólo esta rara letanía
centrípeta, tormentosa, agotadora.

No puedo escribir un verso, ni un soneto
puedo apoyar los dedos en el teclado, 


y esperar con gracia postear algo,
lo que sea, 
hoy mismo. 

Sin falta, escribite algo. 

domingo, noviembre 11

Duelo


Extraño tu mirada
tu estar quieto
tus gritos de gol
tu fútbol incesante
tu música en las paredes
tu llanto dificultoso.

Extraño tus cartas,
la única instancia 
en que podías
demostrar afecto.

Me sigue resultando
tan extraño mi mundo
si vos no estás.

Te imaginé amable
devoto de mi presencia,
cuidándome como nadie
nunca lo hubiera hecho
jamás.

Sentí tu presencia
como el centro
de mi universo.

Fuí todo lo que creí que querías
aún así no me amabas
o no se notaba,
hasta que mis enojos
me devolvían
la plena seguridad de tu cariño.

Pero me lastimabas,
cada vez que me descuidaba
algún daño nos encontraba
entre reproches desentendidos.

Te sueño, te reinvento,
me desvelo,
te lloro con excusas,
porque al final
¿cómo podría llorar 
un no sé qué?

¿Y si fueran mis excesos?
¿Nací mal?
¿Nada fue suficiente?

Porque nada que yo hiciera
me otorgaba un gesto de amor,
ese eterno supuesto.

Nunca me dijiste que fuera linda,
ni inteligente,
nunca me sentí tu preferida.

Me decías que artisteaba;
me apodabas urraca
-¿no encontraste un bicho
más feo y despreciable?-

Te ofuscaban mis lágrimas
te violentaban mis reclamos.

Yo no sentí que me cuidaras
creo que me despreciabas,
¿por qué te di tanta bronca?

Me dolés en la frente,
la nuca y la espalda.
Me dolés en las muelas,
cuando la noche salvaje
se hace eterna.
Me dolés alma, cuerpo,
aire, suelo, cielo y viento.

Nunca nos llevamos tan bien
como ahora que estás muerto,
y pese a los mil días que te fuiste
aún me duelo, papá.

martes, octubre 30

Soltar

Renuncian las nubes a las gotas,
que mojan la tierra
y transforman las semillas.

Renuncia el pincel a la pintura
dando forma perfecta
a una realidad distinta.

Renuncia la luna
cuando llega el día
renuncia el sol cuando
llega la noche.

Renuncian los úteros
a llenarse de vida,
una vez al mes.

Renuncia el invierno
cuando llega el verano,
renuncian los empleados
cuando se sienten explotados.

Renuncia sin llantos,
sin muertes,
apacible y tranquila.

Renuncia natural
no exigente
renuncio sin miedos
renuncio con tiempo.

Abandono, bajo los brazos,
ya no me esfuerzo
renuncio sin tiempo
sin sueños ni desvelos.

Solamente renuncio,
y quizás así
llegue algo nuevo.


jueves, septiembre 13

Dosmilnosé

Dice no sé el dosmildoce.
Caótico, imperante
determinante
y ante todo
desestructurante.

No sé qué tiene
este año místico
realmente
Agita las cocktaileras
emocionales,
nos hace tragos
que provocan
mareos, desbordes.

El pueblo del enojo,
el amor instaurado.
vamos por la cornisa
rogando que no nos empujes
dosmildoce.

Te llevás niños,
volviste loco a mi amigo
volviste muerto al maestro
tu mensaje y tu cambio
es inevitable.

La noche se hace día,
la luz llegará mañana
y mientras tanto
nos debatimos
entre el sueño
y la pesadilla.

Aquí en la vigilia
los fríos incesantes
los calores extremos
las lluvias sempiternas

No sé que sos dosmildoce
No creo seas apocalíptico
nunca adherí a los catolicismos,
No vendrás en jinetes
pero sos tan dosmilnosé
que hasta creo probable
que tu mano sea la que mande
siglos de mangiahostias
a la banquina.

Poderoso dosmildoce
te pido: ¡sé piadoso!
Algunos todavía
estamos acomodándonos
del virulento dosmilonce.
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